Ácidos orgánicos en las dietas de gestación y lactancia
Descubra la importancia de los ácidos orgánicos en las dietas de gestación y lactancia. La continua selección genética en la producción de porcinos ha proporcionado un gran aumento en la prolificidad de las cerdas y una gran mejora en las características de la carcasa porcina. Sin embargo, surgen nuevos desafíos: las madres atraviesan cada vez más un gran estrés metabólico, debido a que tienen que aportar más nutrientes para el desarrollo fetal durante la gestación y para la producción de leche durante la lactancia. Como resultado, la búsqueda por la mejora en la tasa de partos y la calidad del lechón al destete es constante.

Entre los aditivos que pueden minimizar el impacto de estos desafíos en la gestación y la lactancia se encuentran los ácidos orgánicos. Los ácidos orgánicos pueden reducir el pH de la dieta, inhibir la colonización y proliferación de microorganismos patógenos en el tracto digestivo y urinario, actuar sobre la fisiología de la mucosa gastrointestinal y aumentar la disponibilidad de nutrientes en la dieta mejorando la digestión, absorción y retención. Varios trabajos investigativos demuestran un aumento en la digestibilidad ideal de las proteínas y aminoácidos en los porcinos, además de una mayor absorción de minerales como Ca y P y un mejor aprovechamiento de la energía.
Durante mucho tiempo, el cloruro de amonio se ha utilizado para reducir el pH de la orina, sin embargo, provoca acidosis metabólica y puede provocar una reducción del pH uterino, que al inicio de la gestación puede interferir con la tasa de implantación del embrión. Por tanto, una opción segura es el uso de ácidos orgánicos en la dieta.
El ácido cítrico es fundamental para reducir el pH de la dieta, además de tener acción para controlar las bacterias patógenas en el tracto digestivo. Algunos trabajos en la literatura demuestran su efectividad en el control de Actinobacilum suis (Dee et al., 1994), Escherichia coli, Proteus sp., Streptococcus sp., Staphylococcus sp., Aeromonas hydrophila (Meister, 2006). Este mismo ácido cítrico, que reduce el pH del estómago, también será absorbido por el sistema digestivo y llegará al riñón a través del torrente circulatorio para ser eliminado en su forma original. Cuando está presente en la vejiga, diluido en la orina, el ácido cítrico reduce el pH del medio e inhibe el crecimiento de bacterias indeseables, reduciendo así el recuento de bacterias en la orina y la presión de infección del medio vesicular. En el trabajo de Meister (2006), cuando se agrega a la ración de las hembras gestantes, el ácido cítrico reduce el recuento bacteriano después del inicio del tratamiento (Figura 1), y puede representar un aditivo de elección, como coadyuvante en el control de infecciones urinarias. En el mismo estudio, el cloruro de amonio no pudo reducir el recuento bacteriano en el tracto urinario de las hembras. Un punto que merece mucha atención es el hecho de que la reducción en el recuento bacteriano ocurre solo durante el período de administración del ácido cítrico, lo que indica un efecto positivo de su uso continuo.

En un estudio reciente (Liu et al., 2014), que evaluó la suplementación con ácido cítrico para cerdas al final de la gestación y la lactancia, observó que el ácido cítrico puede fortalecer el sistema inmunológico, a través de un aumento en los niveles de inmunoglobulinas en el plasma de las cerdas.
Por lo general, las infecciones urinarias evolucionan de forma silenciosa y con la ausencia de signos clínicos evidentes, pudiendo pasar desapercibidas y provocar, en el futuro, grandes pérdidas reproductivas. Por tanto, es necesario trabajar con medidas profilácticas como el uso de ácidos orgánicos. Asimismo, otros ácidos orgánicos tienen un gran efecto antimicrobiano y pueden actuar de forma sinérgica con el ácido cítrico. Entre estos ácidos, el ácido benzoico tiene una alta capacidad para controlar el microbiota en la orina. En el hígado, entre el 60 y el 80% del ácido benzoico se convierte en ácido hipúrico que se eliminará en la orina, y este metabolito del ácido benzoico también es activo para controlar el crecimiento bacteriano en el medio urinario. En el trabajo de Kluge et al, 2010, aún es posible observar una reducción del 8% en el pH de la orina en cerdas suplementadas con ácido benzoico durante la lactancia, sin embargo, esta reducción depende de la dosis de ácido benzoico utilizada (Figura 2).

Además, el ácido benzoico tiene una gran acción bactericida, antifúngica y anti levadura en la ración, y en la conservación antibacteriana en el intestino delgado. El ácido benzoico en forma no disociada es lipofílico y puede difundirse libremente a través de la membrana semipermeable de las bacterias gramnegativas. Una vez dentro de la célula, donde el pH se mantiene alrededor de 7.0, el ácido se disocia en cationes y aniones. En un intento por restablecer la homeostasis celular, el microorganismo inicia un proceso de remoción de los protones (H +) acumulados en su interior por la acción de la bomba de Na+/K+, que, al ser un proceso activo, promueve el agotamiento y muerte de las bacterias. Además, la reducción del pH citoplasmático promueve la muerte de las bacterias por desnaturalización de la proteína y del ADN, además de comprometer otros procesos vitales, como el transporte de sustrato y el desacoplamiento de la fosforilación oxidativa con el sistema de transporte de electrones (SILVA, 2002).; VIOLA; VIEIRA, 2003).
El mejor control del crecimiento de la población de bacterias presentes en el tracto gastrointestinal reduce las necesidades metabólicas de los microorganismos, aumentando la disponibilidad y absorción de nutrientes, principalmente aminoácidos (ØVERLAND et al., 2000).
Durante la gestación de la cerda, se requiere una mayor biodisponibilidad de calcio para las hembras. La exigencia de minerales totales por parte de los fetos se duplica cada 15-20 días, con más del 50% de calcio se hace necesario durante las últimas dos semanas de gestación. Para ayudar a la disponibilidad de calcio para las cerdas, el lactato de calcio puede ser una excelente opción porque es una fuente de alta solubilidad y por lo tanto tiene una alta biodisponibilidad de calcio.
Además, el ácido láctico es producido de forma natural por varias especies de bacterias, como: Lactobacillus, Bifidobacterium, Streptococcus, Pediococcus y Leuconostoc. Por tanto, su uso puede favorecer el desarrollo de poblaciones bacterianas beneficiosas en el intestino.
El ácido láctico es un producto de la fermentación de la glucosa. Por tanto, la presencia de ácido láctico en la luz intestinal y en el torrente sanguíneo se transporta al hígado y puede transformarse en piruvato. El piruvato se puede oxidar a través del ciclo del ácido cítrico, proporcionando más energía al organismo (Stryer, 1988) durante la lactancia, que es una fase de alta demanda para la producción de leche.
El ácido fórmico, en su forma de formiato, es un componente natural de los tejidos y el torrente sanguíneo de los animales. Metabólicamente, el formiato es importante en la transferencia de los carbonos intermedios que se producen en el metabolismo de los aminoácidos y sirve como sustrato para la síntesis de ácidos nucleicos (Stryer, 1988). Además, es un excelente acidificante, actuando en la inhibición de la descarboxilasa en microorganismos y enzimas como la catalasa (Partanen y Morz, 1999). Se observa una mejora en la digestibilidad de la materia seca con el uso de ácido fórmico en la dieta.
El uso de ácidos orgánicos en la dieta de las cerdas, inhibe la colonización y proliferación de microorganismos patógenos en el tracto digestivo y urinario, actúa sobre la fisiología de la mucosa gastrointestinal y aumenta la disponibilidad de nutrientes en la dieta, mejorando la digestión, absorción y retención. Con eso, podemos concluir que es muy importante trabajar con la acidificación de las dietas de hembras gestantes y lactantes.